Días de poco orgullo
Publicado en Julio 7, 2010
Archivado en Noticias, Orgullo 2010, opinión
Llevamos varios días soportando las imágenes del día del Orgullo Gay. Los telediarios nos bombardean con el jolgorio, con las cabalgatas, con las carrozas, con los protagonistas y con los miles de personas asistentes. Normal hasta aquí. A mí, la celebración por fuerza del día que fuere, ya sea el del orgullo, el del trabajador de astilleros, el de los amigos de Lopera o el de los comedores de chicle al modo de Belén Esteban, me parece una auténtica pamplina y creo que no deja de ser nada más que la demostración total y absoluta de un complejo o lo que sea, que de esa manera se hace más ostensible. Ni los gays ni las lesbianas tienen que demostrar nada. Ellas y ellos no son nada especial, ni tienen por qué hacerlo constatar; son ciudadanos normales y por tanto factores de una sociedad, lo mismo que un ferroviario, un médico o un maestro de escuela. Por eso, me molesta sobremanera la celebración de algo que no debe tener nada más que la importancia que se le quiera dar. Lo malo es que se le da. Pero lo malo es cómo se desarrolla ese día y a los personajes que se escogen para ser cabecera de los espectáculos. Si no me parece bien que actores importantes, escritores trascendentes o actores con contrastada solvencia artística sean escogidos para participar en un espectáculo de pobre estética; todavía molesta más, que especimenes sacados de un olimpo mediático al que han elevado por unos más que dudosos méritos, sean abanderados y emblemas de una causa que a estos y a estas - a tales especimenes - les cae muy de lejos. La comedora de chicle oficial de España, la que fue peluquera cuñada, el ágrafo concursante de un programa para equivocados… y así un montón de endebles personajes que mínimamente entretienen a una sociedad aburrida, han sido elegidos para apadrinar un día que, con ellos, sólo se convierte en una patética demostración que a nada conduce y hacen un flaco favor a una realidad que lo mejor que le puede pasar es que sea sólo una realidad, sin más espectáculos bochornosos. La Columna de Bernardo Palomo. Diario de Jerez
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1 Respuesta to “Días de poco orgullo”
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Yo de lo que estoy orgulloso es de estar vivo. Las fiestas del orgullo me parecen una oportunidad magnífica para vivir y expresar mi alegria por estar en este mundo y disfrutar de la diversidad y el color. Lo que pasa es que en este pais, un día de fiesta que no esté dedicado a un santo o a un caballo sienta mal, como siempre, la iglesia y los señores feudales siguen teniendo potestad hasta pa decir como y cuando podemos desmelenarnos. En cuanto a lo de los personajillos mediáticos, no podría estar más de acuerdo, nos hacen un flaco favor… pero eso ya es tema de masas y las masas pueden. El orgullo es necesario como arma para luchar contra la vergüenza. Yo he sentido vergüenza por ser gay y actos como los del orgullo y personas como las que asisten, me han ayudado a converncerme de que no hay nada por lo que avergonzarse. ¿Le molestan las plumas? Mire, señor Palomo ojalá hubiera más plumas en el mundo, porque un tio que tiene los güevos de salir por la Gran Vía mostrando su plumaje es una persona segura de sí misma… y de eso hace falta en el mundo. ¿Quizá sean los chulazos con el torso desnudo? Si le molesta a usted la desnudez no me estraña que no esté usted orgulloso en absoluto. Yo estoy orgulloso de mi cuerpo y me resulta divertidísimo enseñarlo (sin necesidad de connotaciones sexuales), nuestra madre nos pare por un coño hermoso y desnudo y llegamos al mundo cubiertos de lanugo, pero sin calzoncillos ni sujetadores… esos nos fueron (im)puestos por cánones sociales que tal vez sea necesario revisar. Mire, señor Palomo, los médicos también tenemos un día dedicado a celebrar nuestro orgullo… es el día de la Virgen del Socorro. ¿Va usted también a arremeter contra esta celebración, o por el hecho de estar abanderada por una imagen religiosa ya es digna de sus respetos? ¿Usted pide seriedad? Me parece que el que es poco serio es usted. Si no le gusta la fiesta no acuda a ella (igual que yo no acudiré a rendirle mis respetos a la comunidad de galenos, que aunque ejerzo como tal, no estoy en mi salsa entre ellos). Mi salsa es el Orgullo, porque la energía vital, el amor y el buen humor rezuman en esa fiesta y sencillamente me encanta, me vuelve loco y me da VIDA. Yo también veo cosas que no son de mi agrado en el telediario, ¿sabe lo que hago? Apago el televisor. Hoy le pido, por favor, apague su odio, apague su intolerancia, apague su vergüenza y cúbrase de plumas, de verdad le digo que son la mejor medicina.